Aunque Panamá queda por detrás de sus pares en calificación, especialmente en métricas de deuda y fiscal, nuestra opinión es que mantendrá su calificación de grado de inversión cuando Moody’s emita su opinión antes de fin de año. Como economía dolarizada, Panamá enfrenta limitaciones de política que ponen el panorama fiscal en foco y destacan su dependencia del financiamiento externo.
La dolarización ha mantenido la inflación baja y ha actuado como estabilizador para la economía, pero expone a Panamá a un giro en la confianza del mercado cuando los diferenciales se ensanchan, aumentando los costos de financiamiento. Un historial de crecimiento sólido, junto con disciplina fiscal, es importante para contener la trayectoria de la deuda.
Las finanzas públicas de Panamá siguen siendo la pieza clave que preserva su calificación de crédito de grado de inversión. En marzo de 2024, citando desafíos fiscales y de gobernanza tras el cierre de la mina Cobre Panamá, Fitch degradó a Panamá a BB+, la primera y única agencia en calificar al soberano por debajo del grado de inversión. Desde entonces, el mercado ha esperado una decisión de Moody’s (Baa3), que asignó una perspectiva “Negativa” en noviembre de 2024.
En consecuencia, la administración Mulino ha priorizado la consolidación fiscal desde que asumió el cargo a mediados de 2024 tras heredar un déficit del Sector Público No Financiero (NFPS, por sus siglas en inglés) que promedió 5.5% del Producto Interno Bruto (PIB) desde 2021.
Acciones de calificación pasadas han señalado rigideces estructurales que dificultan acciones decisivas para abordar los gastos actuales (nóminas, etc.) y una dependencia excesiva de recortes en gasto de capital. Aunque esa crítica sigue siendo válida, se logró progreso significativo en 2025 para reducir los gastos actuales del año, demostrando la capacidad de la administración para realizarlo.
Los resultados fiscales hasta abril sugieren que Panamá está en camino de cumplir su objetivo de déficit del 3.5% del PIB para este año. Hasta ahora, los gastos de capital bajan un 15.9% interanual, mientras que los gastos actuales han aumentado ligeramente (un 4.5% interanual). Los ingresos aumentan un 13.2% interanual, impulsados principalmente por mejoras en los ingresos en general a nivel de gobierno y el Fondo de Seguro Social (CSS) de Panamá.
Los mayores ingresos del canal por el aumento del tráfico del Canal de Panamá y las mayores tasas de las subastas desde marzo deberían compensar con creces los costos previstos de los subsidios específicos al combustible. La posible reapertura del estrecho de Ormuz podría conducir a un reequilibrio en este frente.
A pesar de las medidas importantes adoptadas para estabilizar la perspectiva fiscal, el sólido perfil de crecimiento de Panamá sigue siendo la principal ancla fiscal del país. La economía se ha mantenido resiliente, con un crecimiento del 4.3% el año pasado y avanzando a un ritmo del 4% a la fecha. La posible reapertura de la mina Cobre Panamá para 2026-2027, que es nuestro caso base, debería proporcionar un impulso adicional al crecimiento, a las cuentas fiscales y a las cuentas externas.
Las variables macroeconómicas muestran un crecimiento sólido, un alto PIB per cápita y una inflación baja y estable, además de una perspectiva fiscal en mejora. Los problemas estructurales relacionados con el alto desempleo y la elevada carga de intereses pesan en la calificación.
En el caso específico de Moody’s, cabe señalar que la agencia mantiene una calificación Baa3 con perspectiva “Estable” para las calificaciones soberanas de Colombia, a pesar de tener métricas más débiles que la mayoría de sus pares BB y BBB-. Costa Rica, calificado justo por debajo del grado de inversión, destaca por muchas de las mismas métricas que Panamá: alto PIB per cápita, crecimiento sólido, baja inflación y superávit primario. Un alto ratio intereses/ingresos (el más alto de nuestra muestra) y el bloqueo político en torno a la financiación externa han mantenido un techo en la calificación de Costa Rica, pese a que, en general, el perfil es impresionante.
Creemos que Panamá conservará su calificación de grado de inversión si continúa demostrando su compromiso con la senda de consolidación fiscal y las perspectivas de crecimiento se mantienen fuertes.
En su decisión de asignar una perspectiva negativa para Panamá en 2024, Moody’s enfatizó la trayectoria fiscal en deterioro, el empeoramiento de las métricas de deuda y las rigideces presupuestarias que retrasan una acción significativa sobre el gasto. Dado que se está llevando a cabo la consolidación fiscal, la perspectiva de crecimiento y las perspectivas positivas para que la mina vuelva a abrir, no creemos que exista un argumento suficientemente sólido para que Moody’s actúe sobre su perspectiva negativa.
