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La inversión anual en redes eléctricas podría superar los $970,000 millones en 2050: McKinsey

El crecimiento de la demanda energética, la expansión de los centros de datos y las tensiones geopolíticas están modificando las condiciones de inversión y planificación del sector. La edición 2026 de Global Energy Perspective, publicada por McKinsey & Company, examina cómo la seguridad del suministro, la asequibilidad y la descarbonización influyen conjuntamente en las decisiones de empresas y sistemas eléctricos ante distintas trayectorias posibles de evolución del mercado.

El estudio registra un crecimiento de 2.7% en la demanda mundial de energía durante 2025, año en el que aumentó simultáneamente el consumo de petróleo, gas, carbón y fuentes renovables. En su escenario de referencia, McKinsey prevé que hacia 2035 el aumento anual de la demanda podría duplicar el ritmo observado durante la década anterior, impulsado principalmente por economías emergentes. Esta expansión exige evaluar las necesidades de generación, redes y flexibilidad de los sistemas energéticos de manera integrada.

Las redes y la flexibilidad condicionan el ritmo de la electrificación

La infraestructura eléctrica aparece como una de las principales restricciones comunes a los escenarios analizados. Las líneas de transmisión y distribución, el almacenamiento, las fuentes de generación capaces de responder cuando se necesitan y las interconexiones determinan la posibilidad de transformar nueva capacidad de generación en suministro disponible y confiable. Si estas inversiones avanzan a un ritmo menor que la demanda o la incorporación de nuevas fuentes, pueden acumularse limitaciones de conexión, congestión y mayores costos de operación.

McKinsey estima que la inversión mundial anual en transmisión y distribución pasaría de $443,000 millones en 2025 a $970,000 millones en 2050, más del doble del nivel actual. Esta proyección subraya la magnitud del capital requerido para modernizar redes, ampliar su capacidad y asegurar que el crecimiento de la oferta energética se traduzca en un servicio continuo y competitivo.

Inteligencia artificial, consumo eléctrico y resiliencia

Los centros de datos constituyen otra fuente de presión sobre el sistema. En el escenario base del informe, su demanda eléctrica crecería a una tasa anual compuesta de 24 % hasta 2030, especialmente en los mercados desarrollados. Al mismo tiempo, McKinsey identifica aplicaciones de IA que pueden mejorar pronósticos, despacho, mantenimiento y optimización de redes. La planificación sectorial deberá incorporar tanto el aumento de consumo asociado a la infraestructura digital como las oportunidades de eficiencia que ofrecen estas herramientas.

El informe también examina la exposición del abastecimiento a tensiones internacionales. Aproximadamente el 30 % de la producción mundial de petróleo y gas enfrenta restricciones para participar plenamente en el comercio global, según el análisis. McKinsey considera además un escenario de mayor fragmentación geopolítica en el que relocalizar cadenas de suministro fuera de China podría incrementar entre 40 % y 50 % los costos de capital del almacenamiento con baterías, y entre 20 % y 25 % los de la energía solar. Se trata de estimaciones asociadas a ese escenario, no de aumentos ya observados en todos los mercados.

Cinco escenarios para orientar las decisiones

Global Energy Perspective 2026 considera cinco escenarios: continuidad de las tendencias actuales, mayor persistencia de los hidrocarburos, aprovechamiento simultáneo de distintas fuentes de energía, aceleración de la descarbonización y fragmentación del orden energético. Cada uno combina hipótesis sobre crecimiento, costos tecnológicos, seguridad y relaciones comerciales, por lo que sus resultados deben leerse como trayectorias posibles y no como un pronóstico único.

Para las organizaciones, el valor de este enfoque reside en contrastar sus planes de inversión y operación frente a condiciones diferentes. McKinsey plantea la necesidad de identificar señales que permitan revisar decisiones oportunamente, preservar opciones de abastecimiento y financiamiento y fortalecer la resiliencia de la infraestructura.

La evolución del sistema energético dependerá tanto del desarrollo de tecnologías como de la capacidad de ejecutar inversiones, coordinar los distintos eslabones del sector y adaptarse a cambios de mercado.

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