Una de las decisiones más importantes que tomamos quienes lideramos organizaciones es escoger a las personas que nos acompañarán en el camino. Cuando buscamos cubrir una posición relevante, normalmente queremos experiencia, conocimiento del negocio, resultados comprobados y alguien capaz de asumir responsabilidades desde el primer día. Sin embargo, también encontramos profesionales que, aunque todavía no tienen una trayectoria extensa, demuestran curiosidad, capacidad de aprendizaje, criterio y un potencial extraordinario.
Después de más de cuarenta años trabajando con equipos y desarrollando profesionales, he aprendido que la experiencia nos dice mucho sobre lo que una persona ha sido capaz de hacer, pero no necesariamente todo sobre lo que podrá hacer mañana.
Imaginemos dos candidatos para una posición de liderazgo. El primero tiene veinte años de experiencia, conoce perfectamente la industria y ha ocupado cargos similares. El segundo tiene menos trayectoria, pero demuestra una enorme capacidad para aprender, cuestionar, adaptarse y construir relaciones. Ambos parecen excelentes alternativas, aunque por razones diferentes.
¿A quién escogeríamos?
Creo que el error sería asumir que la experiencia garantiza mejores resultados o que el potencial, por sí solo, es suficiente. Hay posiciones donde el conocimiento acumulado y la capacidad de actuar inmediatamente son indispensables, especialmente cuando existen riesgos importantes. Pero también hay momentos en los que una organización necesita nuevas perspectivas, flexibilidad y personas capaces de desarrollar habilidades que todavía no sabemos que serán necesarias.
El verdadero desafío consiste en distinguir entre contratar a alguien para resolver los problemas que conocemos y contratar a alguien capaz de enfrentar los que todavía no conocemos.
También debemos reconocer que apostar por potencial exige una responsabilidad adicional de quienes lideramos. No basta con identificar talento; debemos acompañarlo, ofrecer oportunidades, permitir errores razonables y crear las condiciones para que ese potencial se convierta en resultados.
Con los años he visto profesionales extraordinarios crecer porque alguien confió en ellos antes de que tuvieran todas las credenciales. Y también he aprendido que una organización necesita combinar generaciones, experiencias y perspectivas diferentes para construir equipos verdaderamente sólidos.
Quizá la pregunta no debería ser simplemente quién tiene más experiencia, sino quién está mejor preparado para llevar a la organización hacia donde necesita ir.
Aquí está nuestra decisión difícil de hoy: si tuvieras que escoger entre un candidato con una trayectoria extraordinaria y otro con menos experiencia, pero un potencial que consideras excepcional, ¿a quién contratarías?
¿Qué decidirías tú?

Por: Luis Eduardo Ocando
Socio director
Deloitte Panamá
