El fuerte crecimiento de los depósitos externos en Panamá, marcan una señal clara de confianza internacional en la solidez, estabilidad y gobernanza del sistema bancario panameño, así como de su posicionamiento como hub financiero regional, aseguró Topaz, empresa de tecnología especializada en soluciones financieras digitales.
Sin embargo, advierte que este dinamismo también eleva las exigencias operativas en materia de gestión de liquidez, administración de riesgos, ciberseguridad e infraestructura tecnológica, factores clave para sostener un crecimiento saludable en un entorno de mayor exposición internacional.
Desde la visión de Topaz, los sistemas financieros que atraen capital extranjero de forma sostenida son aquellos que combinan regulación prudente, disciplina de riesgo y plataformas tecnológicas robustas, capaces de ofrecer visibilidad en tiempo real, escalabilidad y resiliencia operativa.
“La confianza no solo se construye con cifras sólidas, sino con la capacidad tecnológica de administrarlas de manera segura y eficiente”, coinciden especialistas de la firma.
En este contexto el desempeño del Centro Bancario Internacional (CBI) en 2025 respalda esta perspectiva, ya que el sistema cerró el año con activos netos por $163,014.7 millones, lo que representa un crecimiento interanual de 4.23%, impulsado por la expansión de los depósitos y de la cartera crediticia.
Los depósitos totales alcanzaron $116,810 millones, con un aumento de 5.72 % frente a 2024. El mayor impulso provino de los depósitos externos, que crecieron 11.07% y sumaron $46,568 millones, consolidándose como el principal motor del crecimiento. En contraste, los depósitos de particulares en el mercado interno totalizaron $70,242 millones, con un alza de 2.46%.
En paralelo, la cartera crediticia neta llegó a $100,000 millones, con un crecimiento de 5.06%, reforzando el rol del sistema financiero como canalizador de recursos hacia la economía real.
“El tema financiero de Panamá funciona como un motor para el impulso de la economía a través de los créditos”, explicó Milton Ayón Wong, titular de la Superintendencia de Bancos de Panamá, al referirse al funcionamiento del sistema en ausencia de un banco central.

En términos moderados, el sistema mantiene indicadores holgados. El índice de liquidez legal se ubicó en 54.87%, mientras que el Índice de Adecuación de Capital alcanzó 16.34 %, ambos por encima de los mínimos regulatorios. Para Topaz, estas cifras refuerzan la percepción de estabilidad, pero también obligan a una gestión cada vez más sofisticada ante el mayor peso de los flujos internacionales.
Uno de los principales desafíos es la ciberseguridad. Durante 2025, los bancos reportaron intentos de fraude que, de haberse materializado, habrían alcanzado cerca de $125 millones. De cara a 2026, el sector prevé elevar los estándares de protección tecnológica, un frente donde la inversión en plataformas especializadas y analítica avanzada resulta crítica.
Actualmente, Panamá cuenta actualmente con 63 bancos con licencia y registra el interés de al menos tres grupos suramericanos en iniciar operaciones, con Colombia como principal origen de depositantes extranjeros. En este contexto, Topaz subraya que la tecnología se convierte en un factor diferenciador para sostener la confianza internacional: desde la gestión integral de liquidez y riesgo, hasta el cumplimiento normativo y la prevención del fraude.
Frente a este 2026, el regulador proyecta un desempeño similar o ligeramente superior al de 2025, condicionado a decisiones económicas clave como una eventual reactivación de la actividad minera en el segundo semestre.
Para Topaz, el mensaje es claro: el crecimiento de los depósitos externos confirma la confianza en Panamá, pero su sostenibilidad dependerá de qué tan preparados estén los bancos para administrar ese crecimiento con infraestructura tecnológica sólida, gobernanza efectiva y estándares de riesgo de clase mundial.
