Brasil tiene un enorme potencial para generar créditos de carbono gracias, entre otros factores, a sus bosques y a proyectos de reducción de emisiones. Ahora, el país busca ampliar la demanda internacional y ve en China un posible comprador de los llamados Resultados de Mitigación Transferidos Internacionalmente (ITMO, por sus siglas en inglés). Para los especialistas, la participación china podría aportar algo fundamental: escala.
“Lo que cambiaría, si China se convierte en compradora, sería la escala, esa escala de demanda. Y eso permitiría que esta interacción entre Brasil y China ampliara los mercados para Brasil. Hoy el mercado brasileño está dirigido principalmente a compradores como Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea (UE), y esto abriría el abanico de posibilidades de venta de créditos”, indicó Paula André, fundadora de Credita Carbon.
El mecanismo se encuentra vinculado al artículo 6.2 del Acuerdo de París, que permite la transferencia internacional de resultados de mitigación. Brasil está construyendo además su sistema brasileño de comercio de emisiones (SBCE), que deberá establecer las reglas para garantizar la integridad y trazabilidad de los créditos. Para que una futura conexión con el mercado chino funcione, será necesario establecer metodologías compatibles y mecanismos de medición, reporte y verificación.
“Brasil está construyendo este marco regulatorio a partir del SBCE, el sistema brasileño de comercio de emisiones. Entonces, el primer paso es regulatorio. Es finalizar este marco, que ya tiene objetivos definidos”, dijo Paula André, fundadora de Credita Carbon.
Una mayor demanda internacional también podría facilitar la financiación de proyectos ambientales en Brasil. La reforestación y la restauración de áreas degradadas requieren inversiones a largo plazo y pueden tardar años en generar un retorno económico. Una previsión más clara de ingresos procedentes de los créditos podría facilitar el acceso a financiación.
“Cuando hablamos de actividades de reforestación y restauración de biomas y áreas, ese impacto sería mucho más directo. Porque este tipo de actividades depende de un retorno de la inversión muy elevado, de unos 8 a 15 años para tener ese retorno de inversión”, señaló la fundadora de Credita Carbon.
Pero la cooperación entre Brasil y China puede ir más allá de la compraventa de créditos. La transferencia de tecnología y la cooperación científica aspiran a ocupar un lugar central en esta nueva etapa de la relación bilateral. China ha incrementado sus inversiones en transición ecológica, una experiencia que podría contribuir al desarrollo de nuevas capacidades en Brasil.
“El centro aquí es la transferencia tecnológica, la cooperación científica y la cooperación académica. Es decir, traer intelectuales chinos, traer personas que puedan formar a nuestros profesionales, funcionarios públicos y académicos en el intercambio de ideas y de investigación, pero sobre todo en la generación de valor añadido a partir de nuevas tecnologías”, destacó Jhonathan Mattos, doctor en RR. II. y especialista en China.
Para Mattos, la cooperación en carbono también puede contribuir a transformar la relación económica entre Brasil y China. El objetivo, sostiene, debería ser utilizar la transición verde para generar nuevas actividades de mayor valor añadido y reducir la dependencia de las exportaciones tradicionales.
“China ya es el principal socio comercial de Brasil. La cooperación en los mercados de carbono puede ayudar a hacer que la relación bilateral evolucione, de una relación centrada en el comercio de materias primas hacia nuevas áreas de mayor valor añadido en tecnología”, dijo Jhonathan Mattos.
Brasil y China también participan en iniciativas internacionales destinadas a mejorar la conexión entre los mercados de carbono. La posibilidad de un acuerdo bilateral abriría un nuevo canal de cooperación económica y climática entre dos grandes países del Sur Global. Para Brasil, el desafío será convertir su potencial ambiental en proyectos financiables y créditos con estándares reconocidos internacionalmente. Para China, una mayor cooperación permitiría ampliar los mecanismos de colaboración en materia de transición ecológica.
“Entonces, creo que necesitamos construir una relación soberana entre iguales, en la que podamos negociar de forma clara, diplomática y directa cuáles son los intereses de Brasil en este proceso de transición económica, de transición sostenible, de transición verde y cómo China puede ayudar en la creación de un nuevo ecosistema tecnológico para que Brasil desarrolle sus propias tecnologías”, expresó Jhonathan Mattos.
Las negociaciones todavía deben superar cuestiones técnicas y regulatorias, entre ellas la compatibilidad de las metodologías y la trazabilidad de los créditos. Pero Brasil ya ha identificado a China como un posible nuevo mercado para sus activos de carbono y ambos países buscan avanzar en la cooperación climática. La expectativa brasileña es llevar este proceso a la COP31.
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