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La banca latinoamericana debe afrontar una transformación estructural ante el auge de los activos digitales, advierte BCG

Los activos digitales han dejado de ser una tendencia ligada exclusivamente a las criptomonedas para convertirse en una fuerza estructural que está rediseñando los sistemas de pagos y el mercado de capitales.  Así lo plantea The Future of Digital Assets, el más reciente informe de Boston Consulting Group (BCG), que analiza cómo tecnologías como las stablecoins y la tokenización están redefiniendo la forma en que se transfieren, liquidan y administran los activos financieros.

De acuerdo con el reporte, la industria financiera se encuentra en una etapa similar a otras grandes transformaciones tecnológicas que han marcado al sector durante las últimas décadas. A medida que los activos digitales ganan escala y casos de uso concretos, las instituciones financieras tienen la oportunidad de desarrollar nuevas capacidades, fortalecer su propuesta de valor y participar activamente en la evolución de la infraestructura financiera.

“En Centroamérica, uno de los principales desafíos para los bancos es definir una posición estratégica clara frente a la evolución de los activos digitales y las nuevas infraestructuras financieras. La clave está en asegurar que las instituciones continúen siendo actores de confianza en la custodia y el movimiento de los activos de sus clientes dentro de este nuevo ecosistema digital”, sostiene Gonzalo Troncoso, managing director y partner de BCG.

El estudio señala que, en un escenario de rápida expansión de los activos digitales, los bancos que no incorporen estas capacidades podrían enfrentar balances hasta un 10% menores, ingresos 14% inferiores y utilidades hasta un 30% más bajas hacia 2035, en comparación con un escenario sin adopción significativa de activos digitales. Al mismo tiempo, identifica nuevas oportunidades de crecimiento para las instituciones que logren integrar estas tecnologías en su estrategia de negocio.

Stablecoins

Con $300,000 millones en capitalización, las stablecoins representan el 0.5% de la oferta monetaria global. Sin embargo, cerca del 65% está vinculado a trading y DeFi, mientras que apenas un 10% corresponde a pagos en la economía real. Los pagos transfronterizos, la liquidación B2B y la gestión de tesorería son oportunidades extraordinarias para el sector en Latinoamérica. América Latina se destaca por su adopción acelerada. Con más del 85% de la población con acceso a un smartphone, los ciudadanos tienen acceso directo a wallets que les permiten protegerse de la inflación y realizar pagos internacionales sin intermediarios costosos.

“Los flujos en stablecoins ya están ocurriendo: en Argentina más del 70% de las compras de cripto son stablecoins en dólares, en Colombia 52%, en Brasil cerca del 90% de la actividad cripto pasa por stablecoins. Es una suerte de dolarización digital que poco a poco va permeando en la población”, asegura Gonzalo Troncoso, managing director & partner de BCG.

No obstante, más del 45% de los movimientos con stablecoins en la región ocurren fuera del sistema financiero tradicional.

Oportunidades para la banca

Más allá de los cambios en la infraestructura financiera, el reporte concluye que los activos digitales representan una oportunidad de creación de valor relevante en múltiples líneas de negocio.

En banca corporativa, los pagos transfronterizos y la liquidez programable podrían generar entre $200 millones y $600 millones anuales. Mientras que en los mercados de capitales, la tokenización de repos y colateral tiene el potencial de mejorar el retorno sobre patrimonio (ROE, por sus siglas en inglés) hasta en cuatro puntos porcentuales. En gestión de activos, la tokenización de fondos podría capturar entre $1,200 y $2,500 millones al año, mientras que en banca personal existe una oportunidad de entre $340 millones y $600 millones asociada a la recuperación de activos digitales que hoy permanecen fuera del sistema bancario tradicional.

Los activos digitales no representan una tendencia pasajera, sino una transformación estructural del sistema financiero.  Aunque los márgenes tradicionales tenderán a comprimirse, emergerán nuevas fuentes de valor asociadas a la programación de servicios, la orquestación de ecosistemas y una gestión más eficiente del balance.

La prioridad no es anticipar cuál será la infraestructura dominante, sino asegurar que los bancos mantengan su relevancia independientemente de cuál prevalezca. La ventana para desarrollar estas capacidades sigue abierta, pero se está cerrando rápidamente. Hoy, el costo de esperar ya no es cero: es perder relevancia.

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